Doña Noa: El agua potable cambió nuestras vidas

Doña Noa, madre de seis hijos, nos cuenta su historia de progreso y valor familiar gracias al agua potable.

“Antes vivíamos en la casa de mi mamá, teníamos un terrenito que habíamos empezado a construir, pero lo dejamos a medio hacer. Cuando empezó el trabajo del agua potable, la señora Rosa (educadora sanitaria) vino y nos dio ánimo, fuerza y valor para que logremos terminar nuestra casita. A través de varias capacitaciones las familias aprendimos que cada familia debía vivir en su propia casita y allí, en ese terrenito, construir o mejorar nuestros baños, nuestros pozos de basura y pozos de drenaje”.

La vida de Noa fue dura antes del agua potable. Las mujeres tenían que juntar el agua del canal de riego para realizar los quehaceres del hogar. La peor temporada era el invierno, cuando las lluvias destruían el canal dejando sin agua a la comunidad.

La vida de Noa fue dura antes del agua potable. Las mujeres tenían que juntar el agua del canal de riego para realizar los quehaceres del hogar. La peor temporada era el invierno, cuando las lluvias destruían el canal dejando sin agua a la comunidad.

La distancia entre Pampas de Chepate y Las Tunas es de 3 horas, caminando.

“Estuvimos cerca de 15 años viviendo de esta manera, sin agua potable en casa y era una vida muy dura. Ir hasta las quebradas y traer el agua no es fácil, el camino es en pendiente y con el peso de los baldes es trabajoso, además la zona de las quebradas es airosa y el viento nos hacía mal porque nos enfermaba. El agua de las quebradas no es limpia, recorre los pastos y allá arriba están los animales pastando, pero qué podíamos hacer si era la única opción que teníamos. Una vez en la casa, teníamos que estar midiéndonos en gastar lo mínimo y priorizando la cocina”.

Noa nos dice, antes de construir los pozos para la basura, se tenía la costumbre de botar todo al río y esa práctica también contaminaba el agua, sin tener en cuenta que esa agua también nos abastecía a muchas familias del caserío Las Tunas.

“Lo más bonito de todo este trabajo es que las familias ya podemos beber agua limpia y la tenemos al alcance de nuestras casas. Ahora ya no vamos a estar sufriendo, sobre todo los hijos y nosotras que teníamos que conseguir agua de donde sea… Personalmente agradezco a las personas que hicieron posible nuestra agua, porque después de 15 años de padecer podemos vivir con mejor vida, ahora es una bendición abrir la llave y tener el agua”.

Por ahora Noa tiene su casita propia con una letrina, pero eso no quedará allí. El próximo paso es construir un bañito con ducha para tener más comodidad. “Doña Rosita (educadora sanitaria) también nos enseñó a vivir mejor, tener nuestra casita arreglada y a cuidar lo que tenemos; entre esto, el agua”.

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