Julia y Ramiro: El agua nos cambió la vida

“En esta casa no hubo agua nunca, con mis padres viejitos yo tenía que traer agua desde lejos para que puedan tomar. Gracias al proyecto del agua, hemos realizado todos los trabajos y ahora tenemos nuestra agüita. Con Julia estamos mejorando la casa porque una casa sin agua no tiene vida” (Ramiro).

Con sus 65 años y una sonrisa que ilumina el corazón, Julia narra las vivencias que pasó junto a su familia antes de tener agua potable en casa.

Yo tuve que regresar a Cascas para vivir. Aunque sentí pena de mi casita aquí pero no se tenían las condiciones, no se tenía agua, ni luz. Todo era muy triste. Afortunadamente, este año cambió todo, ahora ya frecuentamos más seguido nuestra casita porque hay donde lavarse las manos y tenemos un bañito de lo mejor. Antes veníamos de pasadita cada tres meses.

Julia se detiene un poco y luego prosigue, antes cocinaba afuera sobre “pircas” y dormíamos a las 6:00 pm., pero con la agüita en casa esto es otra cosa, podemos dormir más tarde y cocinar con mayor comodidad; con Ramiro hemos arreglado mejor los ambientes, podemos leer un poco, yo puedo tejer. Antes no se tenía tiempo porque teníamos que traer agua desde lejos. ¡Realmente, el agua nos cambió la vida! Hubo una señorita del proyecto del agua, que venía a visitarnos siempre, Rosa se llama. Ella nos animó a construir la cocinita, nos incentivó con la pinturita y también nos enseñó para tener nuestro rincón de aseo. Nuestra vida ahora es distinta, vivimos en un ambiente mejor. Sin el agua no nos hubiésemos interesado en cambiar.

Trabajamos junto con mi esposo para poner las tuberías y el esfuerzo valió la pena. Tengo mi lavadero donde lavar. Antes traía agua de un pozo que queda a 20 minutos desde aquí, pero lo más triste era que esa agua también la bebían los animales; por eso, yo contraje fasciola hepática y estuve cerca de un año tratándome de esa enfermedad.

Con esta captación y conexión que han hecho en las casas es otra cosa, tenemos agua clorada y da gusto. Ahora venimos con tranquilidad y ya no pensando en cómo estará el pozo de donde se sacaba el agua (…). Habiendo agua hay todo, usted tiene con qué bañarse, lavar la ropa, limpiar, cocinar; también tenemos un baño nuevo y hasta nuestro medidor.

Antes usamos letrina, pero nosotros ya somos mayores y es muy difícil por la incomodidad al sentarse y luego pararse, con este bañito nuevo tenemos más seguridad y comodidad. Tenemos nuestro baño que nos ha costado nuestro trabajo y dinerito, pero quedó muy bonito.

Don Ramiro añade: “mi esposa está feliz y mi nieta mayor también está feliz porque ella conoció el antes y el ahora de nuestra casa. Hace poco vino a visitarnos y al llegar aquí se ha sorprendido, dice que ahora sí le dan ganas de venir a vivir acá”. Ramiro concluye diciendo que el campo es el lugar más tranquilo, saludable y sin estrés, y si es con agua potable es mucho mejor.